Descanso = mayor concentración, memoria y aprendizaje




Las horas que dedicas a tus actividades cotidianas implican un gran desgaste físico y mental.

Karina Rodríguez Chiw

Su importancia

Necesitamos descansar para reparar el desgaste cotidiano que experimenta nuestro organismo, dice el psicólogo Juan Antonio Barrera Méndez, Director y terapeuta de la empresa Atención y Tratamiento Psicológico. “Es el equivalente al mantenimiento dado a las piezas de nuestro cuerpo”. El también profesor e investigador en el área de Psicología Social de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) advierte que si estamos bajo estrés prolongado y no descansamos, nuestro cuerpo genera una hormona que se llama cortisol (conocida como la hormona del estrés), que produce  daños a nuestro organismo si sus niveles se mantienen elevados por mucho tiempo. Los síntomas que se presentan ante niveles elevados de cortisol se pueden dividir en dos tipos: los físicos,  que incluyen cansancio permanente, dolor de cabeza, palpitaciones, hipertensión, falta de apetito o gula, problemas digestivos, disminución de las defensas y pérdida de memoria; y los que implican cambios en el comportamiento, como falta de sentido del humor, ansiedad, falta de concentración, irritabilidad, ira y ganas de llorar.

¡Duerme lo suficiente!

Las horas que necesitamos dormir varían de una persona a otra, dependiendo de lo que su cuerpo requiera. Sin embargo, los adolescentes y los jóvenes universitarios raramente descansan las horas suficientes, escribe Matthew Edlund en su libro Descanso activo (Urano). Según el autor, los jóvenes necesitan dormir un promedio de nueve horas y media cada noche, pero la mayoría sólo alcanzan seis horas de sueño o menos. Y es que, asevera Edlund, es común que prefieran pasar la noche frente a la televisión, jugando videojuegos, escuchando música y navegando por Internet, mientras envían mensajes instantáneos y consumen comida chatarra. Como resultado, por la mañana se duermen en clases y no logran concentrarse. “Un alumno somnoliento que no ha dormido bien tendrá dificultades en la recepción de información y, a su vez, en su aprendizaje”, afirma el doctor Raymundo Calderón Sánchez, Director Nacional de Psicología de la Escuela de Ciencias de la Salud de la UVM.

Más allá de dormir

El descanso no sólo tiene que ver con las horas de sueño, señala el doctor Calderón, quien recomienda que después de concluir tus actividades académicas dediques un tiempo por la tarde a realizar alguna actividad física o a relacionarte con otras personas. Esto te ayudará a descansar y relajarte y, si después te pones a estudiar, tendrás un mayor nivel de concentración. El especialista también sugiere que tras aproximadamente una hora y media de clase tomes entre 5 y 10 minutos de descanso (a lo cual se le llama “pausa de pensamiento”). “Esto te permitirá posicionar tu atención en algo diferente y relajarte”, dice. Así, al regresar a tu clase podrás organizar mejor la información y aprenderla con mayor facilidad.

Por todo esto, es importante que no te desgastes estudiando demasiado ni que derroches tu energía en la fiesta. Lo ideal es que encuentres un equilibrio entre actividad y descanso que te permita disfrutar de tus años universitarios. Si quieres aumentar tu capacidad de aprendizaje, despeja tu mente con actividades  al aire libre, ¡con amigos! Un alumno somnoliento que no ha dormido bien tendrá dificultades en la recepción de información y, a su vez, en su aprendizaje”.

Cualquier actividad que te permita relajarte favorecerá  tu descanso.