La pluma nuestra de cada día




¿Utilizas laptop o iPad para tus clases? Apostamos a que también usas una pluma.

Consolación Salas

La tecnología podrá regir nuestras vidas, pero este útil artefacto nunca pasará de moda. Conoce aquí su historia.

Desde el uso de huesos, piedras y cañas afiladas hasta pinceles de fibras diversas, los humanos de las antiguas civilizaciones se las ingeniaron para convertir toda clase de objetos en utensilios para dejar registro de sus ideas y de los eventos de su época. Después, y durante un extenso periodo, fue muy práctico e ingenioso el uso de plumas de aves —sobre todo de gansos, cisnes y patos— por su tallo hueco que permitía almacenar tinta y así dosificarla para escribir.
Las plumillas metálicas, ya conocidas por los romanos, comenzaron a fabricarse en serie a principios del siglo XIX, generalizándose su uso en décadas posteriores. Estaban hechas de una lámina delgada que se insertaba en un portamanguillo. El ingeniero Humberto Rodríguez Lozano, presidente del Club Mexicano de Coleccionistas de Plumas A.C., comenta que se fabricaron plumillas de acero, bronce, cobre, latón e incluso oro, y las había para damas e incluso para zurdos.


El reinado de la estilográfica 

Con el tiempo apareció la estilográfica, o pluma fuente, que llevaba su propio depósito de tinta.

Varios inventores contribuyeron al desarrollo de estas plumas, que solían presentar atascamientos, derrames o salpicaduras, hasta que el estadounidense Lewis Edson Waterman mejoró el sistema de carga de tinta y en 1883 patentó en Nueva York la primera estilográfica práctica para escribir.
A principios de los años 50 del siglo siguiente se introdujo el cartucho desechable de tinta, pero el reinado de las estilográficas comenzaba a ceder ante el bolígrafo. Hoy día, aquéllas son objeto de colección e instrumentos de escritura fina.


Una bomba de pluma


Aunque existen algunos antecedentes de la famosa esferita giratoria en la punta de un cilindro con tinta, se reconoce al húngaro László József Bíró (conocido posteriormente como Ladislao José Biro) como el creador del bolígrafo. Patentó su invento en Europa en 1938, y años más tarde, ya con mejoras, lo empezó a ver comercializado en Argentina con el nombre de “esferográfica birome”, lo que dio origen a las plumas que usamos cotidianamente. El ingeniero Rodríguez Lozano señala que, durante una temporada, al bolígrafo también se le llamó “pluma atómica”, debido a que comenzó a ser conocido al término de la Segunda Guerra Mundial, cuando se lanzaron las bombas atómicas en territorio japonés.
El francés Marcel Bich, quien había adquirido los derechos de la birome, lanzó al mercado (en 1950) su perfeccionado bolígrafo Bic Cristal, cuyo nombre es una versión acortada del suyo propio. Armando
Vázquez, gerente de mercadotecnia de la marca en México, considera que el bolígrafo Bic masi‰ có este producto de uso diario. “La escritura a un precio accesible fue posible para todos”.
Aunque la única innovación visible desde su origen es el ori‰ficio de seguridad en la tapa —si se te llegara a atorar en la garganta por haberla tragado, podrías seguir respirando—, tecnológicamente ha sufrido varias modi‰ficaciones, como la variedad de grosores de escritura, materiales más resistentes y el botón al otro extremo de la punta, que ya viene soldado por cuestiones de seguridad.
Armando Vázquez comenta que un bolígrafo Bic de punto mediano puede ofrecer ¡hasta 2 kilómetros de escritura! Y su diseño clásico forma parte de la colección permanente del Museo de Arte Moderno de Nueva York.

Digitales y espaciales


La llamada “pluma espacial” fue desarrollada en los años 60 por la compañía Fisher Pen, y ha sido usada por astronautas estadounidenses y rusos. Su cartucho presurizado permite escribir con presión 0 en el espacio o en el fondo del mar, en cualquier posición y a temperaturas extremas. Por último, hace tiempo ya que existen los bolígrafos digitales. Son las llamadas smartpens o plumas inteligentes que digitalizan todo lo que escribes, dibujas, hablas o escuchas, como los modelos Livescribe, o la pluma de la ‰ rma alemana Lernstift, que vibra cuando cometes errores ortográ‰ficos o tu letra es poco legible.